Hace unos 2000 años, ya encontramos galgos representados en
mosaicos y pinturas que muestran escenas de caza, en el norte de
África, Grecia y Turquía. Fueron importados a Europa por
los fenicios y los romanos desarrollaron la raza tal y como
la conocemos hoy. Fue usado habitualmente para la caza, pero
es en el Renacimiento cuando la nobleza europea se fija en el,
obteniendo el estatus de raza asociada a la realeza, llegando a ser representado junto a sus dueños, como muestra la pintura de Catalina La Grande de Rusia o esta escena de caza de Pisanello.